domingo, 24 de agosto de 2008

Alucinación octava.

La visita a aquella ciudad abrió mis dudas, nuevamente, sobre la parte de cordura que aún conservo, porque la cordura suele ser poca, sino nula, para mí, y ahí donde la gente ve que las cosas nunca cambian, ahí mis ojos me mienten e imaginan cualquier cosa, que bajo otro ángulo sería posible, o mejor dicho, que es posible si las personas cambiaran sus ojos por caleidoscopios pequeños hechos de plata, ya que cualquier otro material sería inútil y no haría más que consumir o difamar el autorretrato de aquellas personas y de su cordura. Pero he aquí que lo importante no es mi cordura ni el autorretrato de la suya, ni los caleidoscopios en sus ojos o sus ojos, si es que aun no ha hecho el cambio a algo de plata, que le impiden ver las cosas desde otro ángulo, aquí lo que verdaderamente importa son esas paredes mentales, pequeñas paredes pintadas de blanco o de celeste, puesto que pintadas de cualquier otro color sólo serian señales de locuras e inseguridades, que tienen estantes y libreras llenas de objetos que usamos para ver las cosas según nos convengan, y que entre sus objetos hay varios ojos y caleidoscopios, porque a veces el cambio entre ellos es automático y dirigido por nuestros impulsos o nuestras dudas personales. Sea pues que empecé a caminar por la calle principal de aquella ciudad, a paso lento, como el que la gente tiende a hacer cuando desconoce lo presente, o como cuando tienen dudas sobre su sanidad, o ambos casos, según sea el caso. Y la calle a cada cruce presentaba un ángulo diferente, donde cada diferencia era meramente la evolución de la anterior en alguna forma fantasiosa e imprecisa, que se reflejaba de varias formas en mis caleidoscopios personales. Y la calle abrió su boca y yo era el bostezo que aquella escena presentaba, entonces la calle se dividió en dos en un chasquido y en sus cruces, y sus dos partes, que se hicieron ocho en el punto medio de su intersecciónes, se alejaron con violencia infantil para formar la acera, que al mismo tiempo era repelida por las casas y las cunetas, que la tragaron en un feroz grito y que apareció mágicamente como la nueva calle, ahí mismo donde la verdadera calle se había partido en dos en un chasquido, y habiendo pasado esto, las casas se pronunciaron en contra del régimen monótono al que tanto tiempo habían estado obligadas, empezando a correr como dándose a la fuga, y la gente corría como loca al ver casas corriendo y calles que se hacían aceras y aceras que se materializaban como nuevas calles, entonces, entre aquel caos y degenere, o tal vez un distinto ángulo de la realidad visto bajo uno de los tantos caleidoscopios que habitan este mundo, yo, que en algún momento fui bostezo y visitante de aquella ciudad perversa y malcriada, ahora era risas de locura y respuestas inciertas sobre mi cordura, que evolucionaba en razón directa con las fantasías e imprecisiones que imaginaba, que eran todas formadas por el terremoto que derrumbó mis cuatro paredes mentales, que son de color blanco o celeste y punto importante en esta historia.

2 comentarios:

K3M# dijo...

No se si no entendi, o que ando muy poco compresenvo... nah! no entendi ni $#$%&@.

Los caleidoscopios de plata me recordo a claymore el anime.

N.I.C.K.Y. dijo...

Buenale mi buen! Me gusto tu blog. Anotado a mis blogs preferidos.